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Elena Skirpalev no habla de milagros ni de antes y después en 12 semanas. Habla de sistemas, de decisiones posibles y de una relación más honesta con el cuerpo. “Cada parte de esta rutina se basa en la constancia, no en la intensidad”, afirma. Y esa frase marca el tono de todo lo que viene después.
Una rutina que suma, no que agota
Durante años, Elena intentó replicar fórmulas que habían funcionado en otra etapa de su vida. Hasta que entendió que ya no vivía igual. “Dejé de intentar replicar lo que funcionaba hace años. Esa versión de mí vivía una vida diferente”, explica. A los 40, su enfoque cambió: menos prisa, más intención.
Su semana se estructura con claridad, pero también con flexibilidad:
Entrenamiento con pesas varios días a la semana, con sesiones de 60 a 75 minutos. No busca levantar pesado sin más, sino cuidar la forma y el estímulo. “Desarrollar músculo a los 40 favorece el metabolismo, la postura y la longevidad”, señala. Por eso trabaja con pesos más bajos y repeticiones altas, y evita los entrenamientos de cuerpo completo. Prefiere divisiones por tren superior e inferior para un enfoque más detallado y sostenible.
Todas las sesiones terminan igual: movilidad, siempre. Porque entrenar no es solo apretar, también es soltar.
Yoga, caminar y 100 flexiones al día
El equilibrio es clave. Elena practica yoga dos o tres veces por semana, combinando Jivamukti y Hot Vinyasa. ¿El objetivo? Mantener el cuerpo abierto, mejorar la flexibilidad y apoyar al sistema nervioso. “Mantiene la circulación en movimiento y la energía fluyendo”, cuenta.
El cardio no tiene drama ni cronómetro. Caminar es su elección. Nada de cintas ni entrenamientos forzados: pasos diarios, tantos como pueda, con un enfoque en zona 2 para apoyar el metabolismo y la recuperación. Sí, a diario. Y luego están las 100 flexiones al día. No como castigo, sino como ancla. “Me mantiene centrada y responsable”, dice. El core fuerte es un extra, pero el verdadero beneficio es la coherencia.
Descansar también es entrenar
El domingo es sagrado. Descanso completo. A veces sauna, a veces baño frío, aunque ahora prefiere la cautela. “Con las nuevas investigaciones sobre la exposición al frío en las mujeres, por ahora me lo estoy tomando con calma”. Escuchar al cuerpo también es progreso.
Porque aquí no hay premios por agotarse. “No hay recompensa por el agotamiento”, repite. Y ajusta horarios cuando hace falta. Si entrenar a las cinco de la mañana la deja exhausta por la tarde, cambia el plan. Así de simple.
El verdadero cambio empieza fuera del gimnasio
Para Elena, verse tonificada no es solo una cuestión de ejercicios. Es un trabajo más profundo que empieza con el entorno. “No puedo cambiar en el mismo entorno en el que se crearon los hábitos que estoy tratando de romper”. A veces, salir de casa una hora al día —ir a clase, entrenar con otras personas— es el respiro necesario, especialmente siendo madre.
Luego están las personas. Rodearse de gente que quiere cambiar, que está presente y comprometida, hace la constancia mucho más fácil. Y, por último, los sistemas. No fuerza de voluntad. “Tomo decisiones lógicas desde el punto de vista logístico: un estudio cerca de casa, un gimnasio cerca del trabajo, entrenamientos que se adaptan al horario de mis hijos”.
Nutrición y mentalidad: el giro definitivo
Elena también hizo cambios importantes en la alimentación. Prioriza las proteínas, es consciente de las raciones y dejó atrás el veganismo. “Fue un cambio radical”, reconoce, pero necesario para mejorar la recuperación y la recomposición corporal.
Aun así, insiste en que lo más importante no es la estética. “La longevidad es lo primero. A los 40, correr tras la estética es una batalla perdida”. Un cuerpo fuerte y tonificado llega como consecuencia de algo mayor: una identidad. La de una mujer que entrena, que descansa, que se cuida sin castigarse.
“La constancia no es dar el 100% todos los días. Es adaptarse sin rendirse”. Y hay una última verdad que lo atraviesa todo: “La constancia no sobrevive con el juicio propio. Solo se mantiene con la bondad hacia uno mismo”.
Sin promesas rápidas. Sin transformaciones milagro. Solo siete meses de constancia real, esfuerzo sostenido y un sistema que acompaña la vida tal y como es ahora. Y, al final, los resultados llegan. Porque el esfuerzo y los resultados, como dice Elena, no mienten.
Marina Salamanca Blanco redactora digital de fitness para Womans Health, analiza y comparte las últimas tendencias del sector. Graduada en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, su pasión por el deporte la ha llevado a especializarse en esta área, convirtiéndose en una referencia para quienes buscan información actualizada y fiable sobre entrenamiento, bienestar y estilo de vida activo.
Toda su vida ha estado vinculada al mundo del baloncesto, lo que le ha permitido conocer de primera mano a numerosos expertos en entrenamiento y fisioterapia especializada en mujeres. Gracias a esta experiencia, su enfoque es completo y riguroso, combinando conocimientos prácticos y teóricos para ofrecer contenido útil y de calidad.










