Engordé cuatro kilos de repente, y no fue porque dejara de cuidarme”. Así empieza el relato de Mellanie Parry, una mujer activa, acostumbrada a comer bien y a moverse a diario, que vio cómo su cuerpo comenzaba a responder de forma completamente distinta durante la perimenopausia.

A pesar de mantener hábitos saludables, sentía hambre constante, antojos de alimentos poco saludables, hinchazón, falta de energía y, lo más duro, una pérdida total de motivación. “Siempre me había cuidado, pero tenía hambre todo el tiempo y me sentía agotada. No era yo”, explica.

Durante mucho tiempo, Mellanie pensó que el problema era ella. Que quizá debía entrenar más, comer menos o esforzarse todavía más. Pero la realidad era otra: su cuerpo estaba pidiendo ayuda, no disciplina.

Cuando el cuerpo cambia y lo de siempre deja de funcionar

El primer kilo que ganó no tuvo nada que ver con el ejercicio ni con la alimentación. “Fue literalmente un cambio en mi cuerpo”, recuerda. Ese aumento de peso inicial, provocado por los cambios hormonales, desencadenó después un círculo difícil de romper: más cansancio, más hambre, menos energía… y más frustración.

Aquí es donde Mellanie señala un punto clave que muchas mujeres viven en silencio: sabemos que el deporte es importante, pero hay momentos en los que simplemente no podemos rendir. No porque no queramos, sino porque el cuerpo no está en condiciones.

Me encanta hacer ejercicio, sé que es fundamental para la salud mental, pero había días en los que no podía llegar a sentir esa sensación final de bienestar. Y si llegaba, no la sentía igual”.

La importancia de la mentalidad (y de no rendirse)

Antes de cualquier cambio físico, hubo uno mental. Mellanie atravesó un periodo de ansiedad y tristeza profunda, pero decidió no rendirse. “Estaba muy deprimida, pero aún tenía fuerzas para luchar. Creía que podía volver a sentirme mejor”.

Ese convencimiento fue clave. Porque, aunque hubo momentos en los que dudó, no dejó de buscar soluciones ni de escuchar lo que su cuerpo le estaba diciendo.

Equilibrar las hormonas: el verdadero punto de inflexión

Tras consultar con profesionales, Mellanie empezó un tratamiento de terapia hormonal sustitutiva (TRH). Ya tenía controlada la progesterona, así que incorporó estrógenos en formato gel.

El cambio fue determinante. “Equilibrar mis hormonas fue absolutamente clave para estabilizar mi peso. Al menos, dejé de ganar más”. Pero no solo eso. Al mejorar su estado mental y emocional, volvió a tener claridad para cuidarse desde un lugar más amable y efectivo.

Energía antes que exigencia

Uno de los grandes aprendizajes de Mellanie fue entender que sin energía no hay constancia, ni motivación, ni resultados. A partir de ahí, empezó a prestar atención a lo que su cuerpo realmente necesitaba.

Las vitaminas del grupo B, especialmente la B12 y el ácido fólico, fueron fundamentales. “Si tenía energía, podía hacer más cosas. Y eso influía incluso en cómo comía”, explica. Además, le ayudaron a estabilizar los niveles de azúcar en sangre y a reducir los picoteos constantes.

También recurrió a otros apoyos para controlar el apetito y el estrés, dos factores muy ligados al aumento de peso en esta etapa.

Dormir bien para poder adelgazar

Otro pilar fundamental fue el descanso. Mellanie entendió que sin dormir bien, el cuerpo se mantiene en modo alerta, con niveles elevados de cortisol que dificultan la pérdida de peso.

Incorporar suplementos orientados al sueño, con magnesio como protagonista, le permitió descansar mejor. “Cuando duermes bien, tu cuerpo entra en un estado en el que puede perder peso”, afirma.

Y aquí vuelve a aparecer una idea central de su historia: aunque sepas lo que hay que hacer, si tu cuerpo no está en el estado adecuado, adelgazar puede ser casi imposible.

Volver a sentirse una misma… y volver a moverse

Poco a poco, con las hormonas equilibradas, más energía y mejor descanso, Mellanie empezó a reconocerse de nuevo. “Empecé a sentirme un poco más yo misma, como si pudiera volver a hacer ejercicio”.

El dolor articular, la fatiga y la falta de resistencia seguían ahí, pero ya no eran una barrera infranqueable. Ahora su cuerpo sí estaba preparado para responder.

“No se trata de forzarte —insiste—, sino de darle a tu cuerpo lo que necesita para que pueda acompañarte”.

La lección final

Hoy, Mellanie está en su peso ideal y, sobre todo, en paz con su cuerpo. Sigue en perimenopausia, pero ya no lucha contra ella. Su mensaje para otras mujeres es claro: no es falta de voluntad, es falta de apoyo interno. Antes de exigirte más, pregúntate qué necesita tu cuerpo. Porque solo cuando está equilibrado, nutrido y descansado, el ejercicio deja de ser una batalla y vuelve a convertirse en un placer.

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Marina Salamanca Blanco redactora digital de fitness para Womans Health, analiza y comparte las últimas tendencias del sector. Graduada en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, su pasión por el deporte la ha llevado a especializarse en esta área, convirtiéndose en una referencia para quienes buscan información actualizada y fiable sobre entrenamiento, bienestar y estilo de vida activo. 

Toda su vida ha estado vinculada al mundo del baloncesto, lo que le ha permitido conocer de primera mano a numerosos expertos en entrenamiento y fisioterapia especializada en mujeres. Gracias a esta experiencia, su enfoque es completo y riguroso, combinando conocimientos prácticos y teóricos para ofrecer contenido útil y de calidad.